18 septiembre 2011

4 agosto 2010 - Taita Imbabura

A las seis llama Rodrigo. No ha llovido durante la noche, así que nos vamos al volcán Taita Imbabura. Parece que no hay bajas en nuestras filas y que todos lo intentaremos. Hemos dormido genial, no era de extrañar con el cansancio que arrastrábamos del día anterior. El único sonido que hemos sentido durante la noche es el canto del gallo a las tres de la madrugada.

Esperamos con impaciencia el desayuno, alguien ha dicho que hay frixuelos. Desilusión, los crepes han sido para los franceses que ya nos encontramos en Cuicocha, nosotros nos conformamos con pan, mantequilla, mermelada y un energético zumo de plátano. Mama Aida nos cuida, especialmente a Inés que aún no tiene la barriga asentada y come arroz con jugo de mora siguiendo sus instrucciones.

Todos los bártulos a la habitación de Patri, hoy no dormiremos aquí y necesitan hacer las habitaciones. Mama Aida disfruta con su negocio, se nota, lleva más de treinta años acogiendo a turistas, desde la época hippie. Como muestra nos enseña con orgullo los diferentes libros de visita con los que ya cuenta.

Con Mama Aida en la Esperanza
Al carro. Hoy nos acompaña Jose “El Puma”. Es el nieto de Mama Aida y será nuestro guía de apoyo para la ascensión del día de hoy. Por otra caleya empedrada alcanzamos una altura de unos 3.300 metros donde comenzará nuestra excursión a pie.


José "El Puma" nuestro guía al Imbabura


La subida se inicia por un sendero marcado. Delante de mi están Carlinos, Miguel y Paco, yo lidero el resto del grupo, no por ritmo, sino por lo estrecho del camino que impide que me adelanten. Le voy ganando terreno a Paco, algo le pasa.  Nos adentramos en un prau con hierba alta, la inclinación es muy grande. Paco no se siente bien, le están dando mareos y decide quedarse. Hoy son más de 1000 metros de desnivel y aún estamos al inicio. Durante el camino hemos encontrado chicos que bajan, más arriba divisamos más gente, las laderas del volcán se encuentran muy concurridas.










Una vez superada la dura cuesta llegamos al Mirador del Pajonal que está indicado por un gran cartel. Llego de con los últimos para no perder las buenas costumbres y veo como todos se están abrigando, se está poniendo frío.


Mirador del Pajonal
Comemos algo y proseguimos ya por la ladera de la montaña.  Entra la niebla. Pasamos a un grupo de chicos jóvenes ingleses capitaneados por un guía con rasgos indios que luce un buff del atlético de Bilbao. Es Raúl. Muy pronto nos volveremos a encontrar.

Atravesamos un collao donde sopla bastante aire, todavía queda bastante. Pasamos por un paraje llamado el Bosque de Polylepis (4.260 m), luego por el Bosque Encantado a 4.288 m hasta llegar a un punto donde debemos dejar los bastones, llega la hora de trepar.


Trepada hacia la cumbre
Se nota la altitud a cada paso que doy, la cabeza también se resiente. Rodrigo indica que progresemos pausadamente. Subimos hasta dos precumbres antes de llegar a nuestro objetivo. El GPS indica que nos encontramos a una altitud de 4.560 m.


Taita Imbabura
La cumbre está repleta de gente, un grupo de chicos de Otavalo acompañados por guías de la cruz roja. Contrastan sus playeros y vestimenta con nuestros equipos. Son novatos y están encantados con su hazaña. La parte más dura del viaje se ha superado, a partir de ahora a disfrutar y ahora toca celebrar la cumbre con los besos, abrazos y fotos de rigor. 
Juanjo escribe en un papel todos nuestros nombres y posteriormente lo quema, conjuro que nos garantizará buena suerte. ¿Cómo olvidarnos de Pako? En su honor entonamos eso de: “Esta cumbre es una puta mierda”.


El conxuro
Toca comer algo antes de acometer el descenso me decanto por una rosquilla que todavía me queda de Cuicocha, todo en el monte todo sabe mucho mejor. ¡Sopresón para Rodrigo!  Pepe saca jamón serrano.

Tras nuestra estancia en cumbre toca bajar, primero el destrepe que no presenta ningún problema y, posteriormente, una zona donde hay barro lo que hace la bajada muy incómoda, tanto es así que Rodrigo para a María cogiéndola de una pierna para evitar males mayores.

Detrepando

Cuando el terreno es más propicio me animo a cantar, estamos contentos, abajo podemos ver en la llanura la ciudad de Ibarra.

Ibarra desde las laderas del Imbabura
Llegamos al bus donde encontramos a Pako perfectamente recuperado y rumbo a la Esperanza donde conocemos "al gorila", otro guía de montaña y hermano de Rodrigo. Fotos de despedida y con tristeza dejamos a la gran familia de Mama Aida, de buen agrado hubiéramos compartido con ellos una noche más.

La gran familia de La Esperanza
Antes de dirigirnos, de nuevo, a Otavalo nos detenemos en el supermercado. Rodrigo tiene por delante la tarea de comprar provisiones para los días que pasaremos en el Refugio de Cayambe. Patri, Inés y yo le acompañamos, eso sí, sin voz, ni voto en todo el proceso mercantil. Otros Gecos no pierden el tiempo, tras realizar un somero cálculo, aquel de "más vale que sobre que no que falte" se surten de abundante cerveza para los días en altura. Rodrigo les indica que está prohibido transportar bebidas alcohólicas en el carro ... salvados por la campana, se trata de humor ecuatoriano.

Cenamos en Otavalo, en el restaurante Inti Huasi, la Casa del Sol. Sobre las mesas preciosas rosas naturales, por lo visto Ecuador es el primer productor mundial de estas flores. Nos ameniza la velada un flautista de música andina. Dani sucumbre y le compra un disco, en ese momento todavía no sabíamos que sería la banda sonora de nuestro viaje.

Inti Huasi

El menú es tomate relleno de aguacate, pollo, cerdo o pescado de río y como cierre un durazno, melocotón, con nata. Con la barriga llena llegamos al Aya Uma y nos vamos a dormir.

04 septiembre 2011

4 julio 2010 - Sueños truncados


2 de la mañana. María se levanta a comprobar el tiempo, está bueno, todos arriba. Nuestro objetivo de hoy es el Finserhorn.

Desayuno un batido de Cola-Cao y un trozo de bizcocho casero. He aprendido que al monte hay que llevar comida rica. Cometí el error en el pasado de controlar el peso en extremo y querer alimentarme a base de barritas energéticas y otras delicias similares.  Esta comida acaba aborreciéndose y el resultado es que acabas a medio alimentar y sin fuerzas.

Hay que encordarse, vamos a caminar sobre glaciar. Hacemos dos cordadas. En la mía: Dani, Juan y Pepe. En la otra María, Jose, Inés y Juanjo. Es la primera vez que me encuerdo y siento excitación por ello.

Montando las cordadas
Piolet en mano comenzamos la marcha. La nieve está asquerosa hundiéndonos a cada paso que damos. Vamos descendiendo por el glaciar. Delante de nosotros avistamos varias cordadas. Entra la niebla y vemos relámpagos.  Las cordadas que van por delante están dando la vuelta. Hemos descendido unos 100 m. Nos detenemos a deliberar. Pepe, Dani y yo volvemos. Juan se une al resto para seguir, simplemente por caminar un rato más, saben que el tiempo no dará tregua. A las seis de la mañana ya estamos, de nuevo, en el refugio y nos acostamos.

En el glaciar
Son las ocho. Llega Jose, está arrebatado, dice que habría sido mejor no salir y adelanta que mañana no irá al Jungfrau. Parece que la nieve y el tiempo han ido a peor. Se acuesta tapándose totalmente con el nórdico, acabose el nenu. En este momento Pepe y yo decidimos bajar a Grindelwald, no nos sentimos preparados para medirnos con La Doncella. Hacemos la mochila y nos despedimos del resto que están tomando algo caliente en el comedor. Nuestras caras deben hablar por nosotros.

Regresamos al Jungfraujoch por la pista de nieve del día anterior, me sienta bien el aire fresco. Hoy el panorama es totalmente diferente, con niebla y sin vistas. No obstante hay algo en el ambiente que lo hace muy agradable.

Jungfraujoch
La estación está llena de turistas, orientales para más señas. Un rápido paseo por la misma: restaurantes, cueva de hielo, terraza, miradores … Nos vamos, estamos cansados. El tren hoy luce banderas americanas, es cuatro de julio y le rinden este homenaje.

Ya en Grindelwald nos parece regresar de otro mundo. En el camping, ducha y ropa limpia, ¡placeres que da la vida!. El cambio de presión también ayuda a que nos sintamos mejor. Tengo un capricho, me apetece comer una bratwurst. En la calle principal encontramos donde nos sirven la salchicha acompañada de abundantes patatas. ¡Qué bien me siento!

Camping de Grindelwald
Tenemos toda la tarde por delante y bajamos a conocer Interlaken, ya dormiremos por la noche. Entramos por la calle principal, tiendas a ambos lados y bullicio de turistas. Aparcamos delante de gran hotel Victoria - Jungfrau justo al lado de un gran parque típicamente centroeuropeo. Caminamos la calle principal y alguna colindante. Nada de otro mundo. Lo más bonito es la zona donde hemos aparcado. Me decepciona el pueblo, esperaba más. Está claro que su fama se la da el enclave natural en el que se asienta.

De vuelta en el camping nos encontramos un par de chicos navarros con intención de hacer el Mönch y Jungfrau. Uno es, como diría Dani, un pro. Está haciendo todos los tres miles de Pirineos, guindilla pura.  El otro un pancho. Difícil vemos como se amoldarán allá arriba. De momento ha vencido el tranquilo y el primer día de aclimatación lo han hecho en el camping. Buenas noches, que tengáis suerte.

Ya en la tienda nos sentimos tristes, la montaña nos ha echado de su lado truncando nuestros sueños.

3 de julio 2010 - El Mönch: cara a cara con los gigantes

Desayunamos en el comedor del camping. En la tele un programa de gimnasia masculina capta mi atención, pues siempre ha sido un deporte que me ha apasionado. De repente cambia el escenario deportivo por un laboratorio. Tratan de explicar con ensayos físicos los diferentes movimientos de los deportistas. Jose flipa con semejante programación a estas horas tempranas y yo también. Siento envidia. Le pese a quien le pese culturalmente estamos a años luz, eso sí, seguro que aquí no disfrutan de Salsa Rosa.

El primer tren parte a las 7:17 h. Ataviados con ropa de alta montaña y "confortables" botas de plástico recorremos el camino a la estación de la parte baja de Grindelwald, Grund. De momento las mochilas viajan en la furgoneta de Juanjo hasta la estación, el resto de coches se quedan en el camping.

Ya en el tren nos rodean orientales, empleados de Jungfraujoch y algún montañero despistado. Nuestras mochilas enormes son un incordio general. Al final conseguimos acomodarnos. Ascendemos hasta el collado en el que se asienta la estación Klein Scheidegg. Nos apeamos para coger el tren rojo. Aquí las mochilas van en un compartimiento aparte, es de agradecer, ahora podremos hacer el viaje libres de carga. Por fin nos movemos hacia terreno desconocido, primera parada estación Eigergletscher. A través de la ventanilla Juanjo nos traza otra ruta al Mönch más dura que la normal y nos señala un refugio no guardado donde pasó noche hace unos años.



El tren se aboca a la negrura del largo túnel excavado bajo el Eiger y el Mönch. Sentados en cómodos asientos de moqueta roja miramos los documentales proyectados en modernos monitores sobre la gran obra de ingeniería que supuso la vía sobre la que nos desplazamos. La descabellada idea fue ideada a mediados del siglo XIX, pero hasta finales del mismo no se dio luz verde al proyecto. 9,3 km de túnel escavados con los medios de la época. Finalmente en el año 1912 fue abierta al público.

Nos detenemos, estamos en la estación Eigernordwand. Cinco minutos para pasear por la misma. Grandes ventanales, nos asomamos …. ¡estamos en mitad de la famosa cara norte del Eiger!. Por hacer un burdo símil es como si pudiésemos adentrarnos en el Picu  y a mitad de su cara oeste asomarnos. Siguiente parada, Eismeer, mar de hielo a nuestros pies. Última parada: Jungfraujoch. Aquí se acaba el billete. Fuera nos saluda la inmensidad del Glaciar Aletsch, el más largo de Alpes. Esta zona registra temperaturas muy frías lo que permite que los grandes glaciares aún tengan cabida. Juanjo, uno de nuestros expertos en la zona, nos señala el Aletschhorn en cuya cumbre ya dejaron huella sus botas. Es precioso.

Grosser Aletschgletscher desde el Jungfraujoch
Una pisanieves ha dejado una pista perfecta que nos conduce al Mönchhutte. Como siempre cierro el grupo, delante Jose parece un caracol transportando su experimento. Llegamos al refugio, hay prisa, se está haciendo tarde y amenaza tormenta. Según las informaciones que nos acaban de dar a las dos de la tarde. Rápidamente rehago la mochila y como algo, no quiero desfallecer. Otros optan por aceptar la bota de vino que nos ofrece un matrimonio español ¡eso sí que da fuerzas!

Repostando en el refugio del Mönch
En quince minutos desde el refugio estamos en la base del Mönch. Hemos venido a través de la nieve por un sendero perfectamente marcado. A partir de aquí roca. Hoy estreno las botas de plástico, prueba de fuego, por la nieve han ido perfectas, pero ahora no me fio de ellas en cuanto al agarre, son tan rígidas que no tengo sensibilidad en los pies. Progresamos lentamente, en algunos puntos la piedra está mojada y la pendiente obliga a utilizar las manos. Llegamos a un tramo de nieve, está paposa, seguimos sin crampones. Proseguimos. Dani y María encabezan el grupo, están ocultos detrás de un saliente de roca, les oigo gritar que hay que colocarse los pinchos. Miro a la izquierda: gran caída. A la derecha un buen sitio para descansar al abrigo de un muro de roca. Voy muy lenta, mezcla de mi ritmo habitual y de la altura que hace su efecto, estoy retrasando al resto y hoy no hay tiempo. Alpes no engaña y, aunque está totalmente despejado y hace un sol de justicia, la tormenta llegará. Decido quedarme en este punto a 3.700 m de altitud. El resto continua.

Encuentro una roca perfecta para sentarme y tomar el sol. Estoy fascinada por la amplitud del paisaje. El contraste del cielo azul con la nieve es alucinante. Mire donde mire estoy rodeada de gigantes y glaciares. Cierro los ojos embriagada por el ambiente ...

Imponente Aletschhorn (4.195 m)

Me muevo para acechar la arista que lleva a la cumbre, se ve gente que bajando ¿dónde estarán los Gecos? Baja una pareja, van encordados, me saludan al pasar. Poco después aparecen Juan y Pepe, se han dado la vuelta a 3.900 m, el tiempo se echaba encima y se sentían cansados. Jose, Dani, María, Juanjo e Inés continúan. Es medio día. Nosotros tres bajamos sin mayores complicaciones y ya en el refugio tomamos una merecida cerveza bajo un sol abrasador en la terraza.

Hidratando
A través del walkie llegan buenas noticas: cumbre en el Mönch - 4.107 m. El tiempo comienza a cambiar y la niebla va entrando. Estamos en contacto permanente con Dani, están bajando sin problemas. A las 16:00 h los vemos aparecer. Objetivo cumplido. Nos comentan que en la bajada han tenido que colocar cuerdas en un punto y que no ha sido demasiado fácil. Están radiantes.

Dani regresando del Mönch
Nuestro comedor es la entrada al refugio que también es utilizado para dejar los equipos de montaña. Así que cenamos entre botas, cuerdas y arneses rica pasta de cocción rápida.  Cada uno se dopa como puede o quiere para combatir el mal de altura. Yo soy fiel al Neobrufen. Nos vamos a la cama pronto que mañana “hay que madrugar”. La dulce Heidi, encargada del refugio, nos ha asignado una “very special room” sólo para nosotros ocho. La habitación está forrada de madera, tiene calefacción y ¡nórdicos!. Decididamente esto es otro mundo. Intentamos conciliar el suelo, sobre nosotros está el comedor, ruido de sillas constante y griterío, hay partido de Alemania del mundial. Comenzamos a comprender lo particular del dormitorio …

25 agosto 2011

2 julio 2010 - Explorando el terreno

Nuestra cita con el grupo es a las 9:30 h con la mochila preparada en el Camping Gletscherdorf. Allí nos encontramos con todos, la noche les ha sentado bien. Hay un sol radiante y nuestro objetivo es la estación intermedia de nombre Klein Scheidegg, punto en el que confluyen los trenes que suben desde Grindelwald y Lauterbrunnen y en el que es preciso apearse para coger al tren que sube directo al Jungfraujoch. Desde donde nos encontramos ya lo podemos divisarla a lo lejos.

Atravesamos el camino de grava que atraviesa longitudinalmente el camping dejando a ambos lados las caravanas de los veraneantes. Salimos a un sendero asfaltado, existen miles de este tipo en Grindelwald, hasta llegar al río. De manera paulatina, vamos ganando altura por senderos perfectamente marcados.



Vuelve el calor. Me recuerda al de la excursión del mes de mayo al Recuencu. El camino está salpicado de fuentes tradicionales de madera que calman nuestra sed con su fresca agua y de pequeñas cabañas bajo las que refugiarse del sol abrasador.


Trinkenwasser
Mientras Grindelwald se hace pequeño a nuestra izquierda el Eiger nos va mostrando, cada vez más cercana, su majestuosa cara norte. En nuestro caminar nos acompañan los trenes ascienden por la vía cercana, arribando, seguro, al enlace con el Jungfraubahn.




Klein Scheidegg. Tiendas de souvenirs, bares y atestada de grupos de orientales. Realmente Pedro el de Oxígeno no se equivocó con lo que éste era el tren más turístico de Alpes. Al otro lado de la vía, universo de hielo y roca coronado por el Jungfrau. Jungfrau, “La Doncella”, 4.158 m, uno de los Picos dentro de la lista. Ya en este momento se me antojó intratable. Las montañas engañan, pensé, desde la otra cara será más fácil su ascensión. El bocata lo tomamos sobre el hangar del tren. Gran depósito cuyo tejado cubierto de hierba sirvió de parapeto desde que contemplar descolgarse glaciares y cascadas hacia el valle. Vistas de excepción.
El regreso al camping nos lo indican negros nubarrones. Nos vamos contentos con la exploración. En unas horas volveremos de nuevo a la estación intermedia, pero esta vez justo el tiempo de cambiar al tren con destino a las nubes.
A mitad del camino nos encontramos un self service made in Suiza. Una nevera que se abastece eléctricamente a través de una placa solar colocada sobre el tejado de la pequeña caseta que la contiene. Dentro trozos de queso envasados al vacío y convenientemente etiquetados con su precio, a su lado un bote a modo de caja lleno del hoy tan deseado cash. ¿Están locos estos suizos? Estamos asombrados y nos sentimos unos bárbaros con la cultura de vida pícara tan arraigada en nuestro país, pensamos que si colocaran algo así aquí no quedarían ni las maderas.
En las primeras cabañas a la entrada a Grindelwald el cielo cae sobre nosotros. Inés, Juanjo y yo vamos más rezagados y nos resguardamos en una cabaña al lado de una pila perfectamente formada de madera. Ese olor del agua al mezclarse con el terreno, la madera y la yerba es absolutamente familiar. La tormenta es más fuerte que la del día anterior, incluso graniza. En cuanto amaina salimos de nuestro cobijo camino a casa. Al final nuestro paseo se ha convertido en 20 km y 1000 m de desnivel.
Ya en el camping, tras la típica cena en estos casos, tenemos por delante a la ardua tarea de la preparación de la mochila para tres días y dos noches en altura. Jose inventa una nueva técnica dentro de la logística montañera: dentro de la mochila grande introduce una pequeña de ataque a la cumbre, este método le permitirá una rapidez inusitada en el refugio. Completar este complejo sistema le ha llevado una hora y media de reloj. Mañana comprobará su eficacia.
Hoy toca dormir en el suelo sobre una esterilla que realiza funciones más aislantes que de confort. A pesar de esta incomodidad me duermo feliz. Mañana contemplaré de cerca las grandes montañas el Oberland Bernés.

1 julio 2010 - Grindelwald


Me despierto con ganas de seguir, consciente de que cada minuto que no nos movamos retrasará nuestra llegada a destino. Con las primeras luces reanudamos la marcha, por primera vez desde que salimos de Asturias existe fluidez en la conducción por la A7 francesa de tres carriles. Contactamos con Dani, ellos se han decidido por la ruta intermedia y están llegando a Bordeaux. ¡No les queda nada!


Medio día, llegamos a la frontera Suiza por Geneva. Epicentro actual de la ciencia mundial. El CERN está cerca  y, quizás bajo nuestros pies, el LHC. Me acuerdo de Patricia que ha sacrificado Alpes por la Ciencia. A escasos 100 m vemos una caseta de cambio y nos detenemos.  Los suizos no han entrado en el euro y necesitamos algo de calderilla. Recordando un paso anterior por el país sé que es necesario disponer de una tarjeta de validez anual para circular por las autopistas estatales. Preguntamos a la señora cincuentona de la casa de cambios que nos responde en perfecto inglés confirmando la necesidad de disponer de la viñete. Recogemos un plano y reprogramamos el GPS para evitar la autoestrade ¡grosso error!. Tras un tedioso callejeo por Geneva circulamos por una carreterita que bordea el Lago Leman por el Norte, preciosa, pero nuestra velocidad media no supera los 50 km/h. Hemos perdido más de una hora. El calor fuera es insoportable y como escolares sólo nos preguntamos cuánto falta. Cambio idea, directos a la autopista y a comprar la viñete ¡será por perres! Al final sólo son unos 30 €,  no hay que pagar en las autopistas y son fabulosas. Rectificar es de sabios.

Lago Leman
Antes de llegar a Bern nos detenemos a comer en un área de descanso, filetes del xatín de güelita,  sólo restan 2 horas. Buena carretera, bordeamos la capital suiza, no puedo evitar la pena que siento en pasar tan cerca de los sitios y no poder visitarlos, de repente ante nuestros ojos se abre el lago Thuner. La carretera discurre justo al borde mismo. Esbeltas montañas verdes emergen en derredor de este mar de agua dulce. Interlaken, ciudad entre dos lagos, el Thurner y el Brienz, queda a nuestra izquierda justo en el desvío que nos conducirá a Grindelwald donde llegamos a las 16:00 h.

Grindelwald presidido por el Eiger
Directos a la oficina de turismo, necesitamos conocer la previsión meteorológica para los próximos días e información sobre la montaña. Pequeña espera por una chica experta en el tema que nos desmitifica la dificultad técnica del Mönch y el Jungfrau, aunque este último no lo recomienda por la existencia de una gran grieta en la antesala de la cumbre y un elevado riesgo de caída de rocas. El día anterior los guías locales se han dado la vuelta. Como alternativa propone el Finsterarhorn. Sorpresa desagradable, el Jungfraubahn, tren que conduce al Jungfraujoch, cuesta 130 francos, unos 100 €.

31 grados, bochorno insoportable, estaba cantado, tormenta de verano. Los angelinos no debieron de mexar en meses. Sacamos nuestro lado burgués acusado por el estado de agotamiento y los calderos de agua que caen y nos decidimos por pasar la noche la Naturfreundehaus, albergue encantador en la parte alta del pueblo. No hay ganas de montar la tienda. Habitación en el último piso para los dos con vistas increíbles al glaciar y trato inmejorable de los dueños. Después de una ducha la perspectiva es otra y conseguimos preparar la mochila para los días de altura. El coche de Jose llegará sobre las ocho de la tarde y Juanjo & Cia un poco más tarde. Ya conocen nuestras coordenadas.
Naturfreundehaus
Al caer la noche una conocida furgoneta azul se aproxima por la sinuosa carretera que lleva al albergue. Caras familiares y cansadas: Juanjo, Inés, Dani y María. El tiempo ha escampado y pernoctarán en el camping junto con Juan y Jose. Se decide un cambio de planes, mañana día de transición y ruta de media montaña, la fatiga del viaje hace mella y para hacer un cuatromil es preciso estar a pleno rendimiento.

Nos dormimos contemplando el glaciar …

30 junio 2010 - Rumbo Norte


19:19 h. Comienzo de viaje. Adiós por un tiempo a la confortable vida a nivel del mar. Por delante, San Google, nos ha avanzado que nos quedan 1600 km y unas 16 horas de conducción. Una mirada a la parte de atrás del coche nos recuerda el estrés de la preparación, quizás demasiados just in case, somos novatos y no queremos fallar, al menos en la logística.

Rumbo Este, de momento, terreno conocido, estos caminos nos llevan frecuentemente a nuestros queridos Picos de Europa. Viaje tranquilo hasta el colapso antes de llegar a Bilbao, obras, desvío, pérdida de tiempo, desesperación. Finalmente cruzamos la frontera a la media noche, ya estamos en territorio gabacho. A partir de ahora autopista con una limitación de 130 km/h, a tragar kilómetros. Una pena que sea de noche y nos veamos privados de contemplar los Pirineos. Me toca turno de conducción de 2:00 a 4:00, intento cantar para evitar posibles síntomas de sueño que a estas horas intempestivas se hacen ya evidentes, conos en medio de la calzada, nos sacan de la autopista, nos las prometíamos demasiado felices …

Al alba ya hemos pasado Montpellier y viajamos dirección Norte. Entre sueños noto que el coche no tiene movimiento y se apaga el motor, nos rendimos a  Morfeo.

Primera experiencia alpina

Los Alpes son míticos. A cualquier amante de la montaña su conquista le resulta un plato muy suculento. Los conocía de lejos al abrigo de los remontes en las pistas de esquí. Medirse con ellos en un cara a cara es una experiencia muy diferente. Después de intentos fallidos ha sido el 2010 el año para conocerlos. La compañía de lujo: María, Dani, Jose, Juan, Inés, Juanjo y Pepe. Las experiencias compartidas siempre dejan un recuerdo más intenso.

¡Volveremos a vernos, ya estoy atrapada por vuestra belleza!


23 agosto 2011

3 agosto 2010 - El Fuya - Fuya

Es media noche. Desde que me acosté sólo he conseguido dormitar. Durante el resto de la noche mi compañero de habitación realiza varias visitas al baño pues tiene una diarrea bestial  acompañada de horribles vómitos que parecen salir de lo más profundo de sus entrañas. Está siendo una noche horrible y tremendamente larga. La cabeza da vueltas al amparo de la oscuridad. Siento la imperiosa necesidad de que amanezca.

Cuando comienza a clarear la luz viene acompañada del sonido de la lluvia. He dormido apenas media hora. No hemos sido los únicos que hemos sufrido, la noche ha sido movida también para otros Gecos. Creemos que se trata de una intoxicación alimenticia, pero ha dejado a varios componentes del grupo muy tocados. Con semejante panorama desayunamos. La mayoría evitamos el zumo por temor a que sea ésta la causa de que caigamos enfermos, pues creemos el agua que han utilizado la noche anterior es de la llave y no embotellada, por el contrario las rosquillas tienen buena venta. Rodrigo nos insta a que cojamos alguna para comer después. Sigo su consejo.

El plan es que quien no se encuentre con fuerzas se quede en un hotel en Otavalo, mientras el resto sube al Fuya-Fuya. Yo casi no he dormido y dudo sobre qué hacer. Me convencen para que me vaya de excursión, me ayudará en mi proceso de aclimatación. Llegamos al hotel de nombre Otavalo, está super limpio y tiene un patio central cubierto con sillones. Contrasta con la corripa en la que hemos dormido. Sentados en sillones, dignos de altos mandatarios en sus reuniones en la cumbre, dejamos a parte del personal. Antes de salir nos aprovisionamos en un super cercano: totallitas, papel higiénico, bolsas de basura, chocolate y Gatorade se encuentran entre los productos más demandados.

El acercamiento al Fuya-Fuya lo hacemos en bus. En el camino recogemos a Fernando, será el guía de apoyo a Rodrigo durante la ascensión. Subimos por una pista empedrada hasta la bella Laguna de Mojanda, fin de nuestro billete. Como ayer el día no está limpio, pero hay visibilidad suficiente para divisar nuestro objetivo.


Fuya-Fuya
Comenzamos a andar, me siento inquieta, la inmensidad que me rodea me abruma, parece que la Pachamama quiera devorarme, las pocas horas de sueño y el desasosiego vivido por la noche también contribuyen a este sentimiento. El desnivel que tenemos que salvar es de tan solo 600 metros, pero picu arriba, los caminos en zeta no tienen cabida en Ecuador.



Progresamos por un sendero dentro de un pajonal (hierba alta). Lentamente vamos ganando altura aunque el barro existente, junto con la dura pendiente hace bastante incómodo el avance. Como siempre voy en las posiciones de cola del pelotón. Alcanzamos la primera cima, es bastante amplia y en su centro hay un pequeño charco y unos antiestéticos pulgos de naranja. Desde aquí podemos avistar la cumbre principal, sólo nos separa una cresta, parece que tendremos que trepar.

Primera cumbre del Fuya-Fuya
Dejamos atrás la cumbre secundaria y, en contra de lo que pensaba, no nos dirigimos a la cresta, sino que bordeamos por la ladera y por una canal que, hasta ahora, nos quedaba oculta enfilamos hacia la cima. La canal es preciosa y está tapizada por gran variedad de plantas exóticas. Desde arriba Rodrigo nos apremia para que no nos quedemos mucho rato en la misma. 


Bajada cumbre secundaria Fuya-Fuya
Canal subida Fuya-Fuya          

En su punto más alto hay una trepada no demasiado fácil, me empujan y de aquí a la cumbre un paseo. Cuando llego ya han comenzado los festejos: gritos, fotos, banderas, besos y abrazos. Estoy llorando, sin embargo, estoy más relajada, la preocupación y ansiedad se van alejando. El paisaje me encandila, es salvaje, digno del mejor decorado de una película del Señor de los Anillos.







La bajada la realizamos justo enfrente de por donde hemos subido, la idea es hacer un circuito.  El camino está peligroso por el barro, después suaviza al llegar a los praos.


Bajando del Fuya-Fuya
Al llegar al bus nos reencontramos con Emilio que lo ha custodiado perfectamente durante nuestra ausencia, parece que han merodeado por las cercanías un par de vehículos sospechosos. En Otavalo recogemos al resto, tienen buena cara, se encuentran mucho mejor.

Nuestra siguiente parada en el camino será un centro comercial ultramoderno en la ciudad de Ibarra. Estamos al norte del país y muy cercanos a la frontera con Colombia. Esta proximidad hace que esta región sea una de las más ricas, viviendo, en esencia, de una actividad comercial. El complejo nos sorprende, hemos entrado en otra dimensión, tremendo contraste con lo que hemos visto hasta este momento de Ecuador. En el baño el papel higiénico es dispensado mediante una máquina provista de una célula fotoeléctrica que lee las manos, la farmacia es gigante y nuestras botas llenas de barro tras nuestros pasos sintamos una escoba, tiendas de última moda y el super centro ferretero donde posteriormente adquirimos unos termos para doparnos a base de mate de coca.

Supercentro ferretero


Después de hidratarnos nos vamos al carro para llegar a La Esperanza, lugar encantador con un trato exquisito de los dueños. Para los que todavía no están bien les ofrecen un té especial a base de zanahoria, sal, limón y azúcar. Tras la cena nos vamos a dormir, estamos rendidos.


22 agosto 2011

2 de agosto 2010 - La laguna de los Dioses

Llueve durante la noche.

El comedor del Aya Uma está decorado con manteles, tapices y lámparas típicas de Ecuador, la estancia está llena de color y el ambiente es muy agradable. Aquí tomaremos el que será, sin duda, el mejor desayuno del viaje. Distintas variedades de queso y pan, miel, sirope de mora, huevos ... ¡casi reventamos!

Desayuno en Aya Uma
Parada técnica en Otavalo, tenemos que fotocopiar nuestro pasaporte siguiendo las instrucciones de Rodri, no entendemos el porqué, pero ya se sabe que donde manda patrón no manda marinero.

Tras un corto traslado, durante el que Rodrigo compra la comida para la excursión, estamos ante la Laguna de Cuicocha en un alojamiento llamado el Mirador. Aquí es donde dormiremos esta noche. Como la noche anterior ha llovido, las sábanas aún están húmedas y no tienen las habitaciones preparadas. Al menos las lavan, pienso, mirando con recelo las sábanas estampadas de flores en los tenderos. La solución es dejar todos los bártulos en la habitación cinco y vuelta al bus que nos lleva hasta el punto donde comenzaremos a andar.

Laguna de Cuicocha desde el Mirador
Nuestro primer día de caminata consiste en rodear la laguna, el recorrido nos llevará unas cuatro horas con paso tranquilo y no salvaremos más que unos 300 metros de desnivel. Estamos a una altura de 3.500 metros y en fase de aclimatación. Rodrigo ha pedido ayuda a los guías del Geco. Carlinos irá a mitad del grupo y Juanjo lo cerrará. Miguel se adelanta, necesita correr, ha estado muchos días inactivo y su cuerpo se queja, necesita prau.

Al inicio de la marcha nos acompaña una tenue neblina. Avanzamos por un sendero marcado rodeado de una vegetación que nos sorprende, en esencia parece que nos encontremos en Asturias, pero al reparar en cada planta de forma individual apreciamos la diferencia. Felipe disfruta como un enano, está en su salsa. Llegamos a un punto donde debería verse en la laguna, la bruma caprichosa no lo consiente. La Pachamama, término quechua para la Madre Tierra, no quiere dejarse ver en su plenitud, pero a cambio nos regala un ambiente digno de meigas. Aparecen las primeras cuestas, el camino presenta unos travesaños de madera a modo de escaleras, es muy cómodo. El parloteo cesa, la subida unida a la altura hace mella en nuestra respiración y al final recibimos nuestra recompensa: las nubes levantan y gran cráter volcánico de la Laguna de los Dioses con sus dos islotes se muestra ante nosotros.


Gecos en Cuicocha
En nuestro camino dejamos a un lado varios quioscos circulares deteniéndonos en que está situado más alto para comer.  Al fondo, intuimos una gran montaña, es el volcán Cotacachi y supera los 5.000 metros. Sentados en círculo en los asientos de nuestro improvisado comedor degustamos plátanos, sandía y pepino dulce, la fruta es muy sabrosa. El día anterior había comprado una empanadilla de queso en Otavalo, aprovecho para probarla. A todas luces la comida suministrada por Rodrigo es insuficiente para un grupo de fornidos montañeros como nosotros. A partir de aquí, sólo nos resta bajar. Según bordeamos la laguna va cambiando la perspectiva que tenemos de los islotes y del canal que los separa. Periódicamente una barca rompe la quietud del agua. El paisaje es fascinante. Naturaleza en estado puro.



Llegamos a la carretera, casi hemos completado el circuito y nos detenemos en la terraza de un edificio con vistas privilegiadas. Es el centro de interpretación de la Reserva Ecológica Cotocachi Cayapas. Dentro nos encontramos con diversos carteles informativos sobre las peculiaridades de la zona. Dejamos constancia de nuestro paso por el mismo en el libro de visitas y Carlos aprovecha para promocionar su blog indicando un “Serbal was here”.


Centro de interpretación Cotocachi Cayapas
Carretera abajo llegamos al embarcadero desde el que parte la barca que hemos divisado durante todo el día y a la que dentro de un rato nos subiremos. Sobre el mismo existe un complejo hotelero y varios puestos de baratijas enfocados al turismo. Me compro una pulsera trenzada de hilo amarilla y azul, hay que hacer patria.

Un corto tramo de empinado camino y llegamos al Mirador. El círculo se ha completado. Me toca la habitación 5, así que no tengo que mover bultos. Nos duchamos a la velocidad de vértigo. Miguel ha pactado con el barquero la salida y ésta será inmediata. Bajada supersónica por el camino y entre risas Miguel confiesa que era broma, que aún tardaremos un poco en partir. Nuestro espíritu consumista es insaciable y volvemos a los puestos.

Todos al barco con nuestro chaleco salvavidas. Además de los Gecos nos acompañan unos alemanes. Zarpamos. La agradable brisa, junto con el sol del atardecer hacen que  el trayecto sea muy placentero. El panorama desde el agua es diferente,  los acantilados son más grandiosos desde aquí. Vuelvo a sentir la inmensidad de la Pachamama.

La barca se detiene contra los juncos de uno de los islotes, el barquero insinúa una falta de combustible, típico chiste orientado a turistas. Comienza a explicarnos que nos encontramos en el cráter de un volcán que colapsó, si nos fijamos podemos observar pequeñas burbujas que proceden del fondo, son emisiones de azufre. Dos opciones para la vuelta, a través del Canal de los Ensueños o rodear el otro islote. No hay dudas, al canal que está más cerrado por los juncos de lo que pensábamos. Al llegar a tierra directos a tomar un canelazo, bebida con base de aguardiente y sabor a canela que se toma caliente. Estamos contentos.


Canal de los Sueños
Cenamos en un edificio que parece a medio construir al ser su fachada de ladrillo sin lucir. Paco y Miguel están desatados, en general todos destilamos alegría por los poros. Nos ofrecen sopa, pollo y plátano frito. Otra cosa que vamos aprendiendo: todas nuestras comidas se compondrán de una sopa, un plato fuerte en el que no falta el arroz y un postre. En la mesa de enfrente un grupo de franceses. Choca nuestro griterío frente a su tranquilidad. Llega un momento que comienzan a cantar, consiguen que nos callemos y que nos rindamos a la evidencia, en este aspecto no podemos competir con ellos. 

Cuando salimos fuera el cielo se ha llenado de estrellas. Se ve un astro brillante que pudiera ser Júpiter, recuerdo la cena de despedida en Asturias ... Antes de acostarnos nos quedamos de tertulia delante de las habitaciones. Ha sido un gran día.



Me acuesto dentro del saco sábana y con la toalla del Decatlhon en la almohada, las sábanas floreadas que tiene la cama no me generan confianza. No me gusta la habitación, está sucia, incluso se mantiene la ceniza la chimenea. No puedo explicarlo, pero me siento intranquila, malos presagios …